domingo, 30 de octubre de 2011

¿Hay genes implicados en la longevidad?

Por Nicolás Jouve (Catedrático de Genética - Miembro de CíViCa)

En los últimos años, merced al avance considerable que supone el conocimiento del genoma humano y de muchas otras especies, se ha desarrollado un intenso trabajo de búsqueda de genes implicados en múltiples caracteres visibles o relacionados con características físicas. Es imposible revisar siquiera mínimamente los cientos de rasgos cuyas diferencias son atribuibles en parte o en todo a la presencia de uno u otro alelo de uno o más genes, pero uno de los que más interés han concitado es el de la longevidad ¿existe una componente genética en el hecho de que haya familias en las que sus miembros alcanzan y rebasan el centenar de años?

Parece evidente que el aumento del bienestar, la mejora de la alimentación y los cuidados médicos están influyendo de forma notable al aumento de la esperanza de vida y de la longevidad de los seres humanos y que por tanto existe una causa ambiental patente, pero interesa saber si la tendencia a la longevidad que se evidencia en determinadas familias se debe a causas genéticas.

La secuenciación completa del genoma de un pequeño gusano nematodo, denominado Caenorhabditis elegans, ha permitido desvelar la actividad de factores genéticos relacionados con la longevidad. En 1993 la bióloga Cynthia Kenyon y su colaboradora Julie Pinkston, de la Universidad de California en San Francisco, descubrieron que un cambio en un solo gen, llamado daf-2, conducía a la duplicación de la longevidad de los gusanos cuya vida media es de unas tres semanas. Sobre sí este hecho es trasladable al ser humano, la Dra. Kenyon ha publicado una extensa revisión en Nature en 2010 [1]. Este hallazgo significó la comprensión de que en la duración de la vida están implicados determinados genes, lo que representa que de conocer el mecanismo de acción de los mismos se podría atajar al menos parcialmente el inevitable desgaste del cuerpo y alargar la esperanza de vida. Este descubrimiento fue confirmado posteriormente en organismos superiores, como en el ratón, lo que implicaba su funcionamiento también en los mamíferos y por tanto en el hombre.

Un aspecto muy importante del conocimiento de los mecanismos genéticos y moleculares de este carácter es que el retraso en el envejecimiento estimularía probablemente el desarrollo de tumores, por lo que urgía conocer el modo de acción de este gen. Con posterioridad han sido encontrados otros genes, como el daf-16, que aumentan la longevidad y además ralentizan la actividad tumoral. Los seres humanos tenemos versiones de muchos de estos genes, así que esta línea de investigación derivará en el desarrollo de tratamientos que podrían retrasar el envejecimiento y eludir el cáncer por mucho más tiempo de lo normal.

Más recientemente, en Julio de 2010 se publicó en Science un trabajo dirigido por Paola Sebastini, de la Universidad de Boston, en el que compararon miles de muestras de ADN de personas centenarias con otras utilizadas como control [2]. Con los datos obtenidos desarrollaron un modelo de predicción de la longevidad basado en el estudio de unos 150 SNPs, que diferenciaban ambas muestras de población. Los sujetos de investigación tenían tantas variantes genéticas asociadas con enfermedades como los sujetos de vidas más breves, de modo que la prolongación de sus vidas se atribuye a genes específicos de longevidad, que a su vez los protegen contra las enfermedades.

El Dr. Nir Barzilai del Albert Einstein College of Medicine, de New York dirige el proyecto “Genes de la longevidad”. Junto con su equipo han llevado a cabo investigaciones genéticas en más de 500 ancianos saludables con edad entre 95 y 112 años de edad — y en sus hijos. Esta investigación podría conducir a un mejor conocimiento de las causas genéticas de la longevidad y a la obtención de fármacos y terapias que podrían ayudar a la gente a vivir una vida más larga y saludable y evitar o retrasar considerablemente las enfermedades relacionadas con la edad, como la enfermedad de Alzheimer, la diabetes tipo 2 y las enfermedades cardiovasculares.

Todas estas investigaciones parecen demostrar la existencia de regiones del genoma, genes determinados, implicados en la longevidad. De confirmarse estos hallazgos, se podría predecir la previsible longevidad de las personas, aun cuando sería imposible predecir el riesgo individual de padecer ciertas enfermedades. Conocidos los genes implicados y las secuencias del ADN de los mismos el siguiente paso será el desarrollo de biomarcadores de ADN de estos genes para predecir la esperanza de vida y en su caso desarrollar terapias adecuadas para cada persona.

Referencias

[1] C.J. Kenyon. «The genetics of ageing». Nature 464 (2010): 504–512 (25 March 2010) doi: 10.1038/nature08980

[2] P. Sebastiani, N. Solovieff, A. Puca et al. «Genetic Signatures of Exceptional Longevity in Humans». Science Published Online July 1, 2010; DOI: 10.1126/science.1190532.

http://www.investigadoresyprofesionales.org