miércoles, 10 de febrero de 2016

No sabemos lo que nos pasa y eso es precisamente lo que nos pasa.

La frase atribuida al Filósofo José Ortega y Gasset refleja a la perfección la situación económica en estos primeros días del año 2016. Los economistas no coinciden en identificar  las causas que expliquen la incertidumbre,  el análisis más simplista es atribuirla al precio del petróleo, estancamiento de la economía global con China como actor principal y la desconfianza del consumidor; otros creen que el origen de la situación viene  de la famosa frase y decisión de Mario Dragui (26-6-2012) " Whatever it takes to save the Euro...", y los hay incluso quienes piensan que estamos a las puertas de una crisis semejante o de mayor intensidad de la de 2008.
Si los analistas no llegan a explicar lo que nos pasa, difícilmente  la industria financiera ,entre la que se encuentra el seguro, puede determinar las líneas  de productos de ahorro o incluso la propia estrategia empresarial. Y es que el entorno económico ha propiciado  un ambiente de tipos de interés negativo que es  calificado como tóxico por Michael Burry , el norteamericano que se hizo millonario en la crisis de 2008, y cuya historia ha sido llevado al cine en la película The Big Short.
Un  artículo del pasado mes de diciembre sobre Michael Burry  publicado en New York Magacine con el título Michael Burry, Real-Life Market Genius FromThe Big Short, Thinks Another Financial Crisis Is Looming  http://nymag.com/daily/intelligencer/2015/12/big-short-genius-says-another-crisis-is-coming.html,  ha tenido mucho eco entre los expertos en mercados financieros y economistas por su visión de los orígenes de la crisis anterior y sugiere ciertos elementos  para entender la actual, así nos dice: parece que el mundo se dirige hacia las tasas de interés reales negativas a escala global. Esto es tóxico. Las tasas de interés se utilizan para medir el precio del riesgo, por lo que en el entorno actual, el mecanismo de valoración del riesgo se ha roto. Eso no es saludable para una economía. Estamos construyendo tensiones terribles en el sistema.
 Reiteramos la sentencia de Burry, el mecanismo de valoración del riesgo se ha roto. En otras palabras, los modelos financieros ya no sirven para entender y fijar el precio de un activo. Un entorno financiero donde el bono a dos años alcanzó, por primera vez en la historia de España, tipo de interés negativo a principio de febrero, el de tres años rozando cero y el de  bono a 10 años oscilando alrededor del 1,50% que impide comercializar seguros de rentas vitalicias si se quiere remunerar al capital según los requerimientos que establece en  el recién estrenado marco de Solvencia II.
En este marco de tipos reales negativos, el asegurador que comercializa productos de ahorro sea cual sea la  modalidad y plazo en el que pretenda garantizar tipo de interés se ve imposibilitado en cumplir ,digamos así, su objeto social. Es verdad que se puede iniciar una línea de productos en los que asegurado asuma el riesgo de inversión como lo son los productos unit linked o rentas variables.
Pero la situación tiene mayor alcance, nos referimos a las carteras de planes de jubilación de primas periódicas que garantizan tipos de interés, que pueden llegar al 4-5% en casos de seguros que estén llegando a su vencimiento y las situaciones de reinversión de flujos por situaciones por descalce de activo-pasivo, originados por resultados biométricos, estos nuevos compromisos no pueden alcanzar los tipos garantizados.
El potencial cliente que quiera planificar su jubilación o colocar su ahorro en entidades seguros, no encontrarán oferta, lo que deriva en que se posicione en productos de líquidez,  monetarios a corto plazo o simplemente decide consumir como bien dice el economista Daniel Lacalle. Este  escenario no es alentador  para el seguro de vida. Si la inflación prevista para este año 2016 es del 0,3%, un seguro de vida-ahorro a un año no puede aportar valores positivo en términos de ganancia real, situación que se repite para un horizonte de dos años.
No son buenas noticias para el ahorro, los tipos de interés negativos ya están presentes en el 23% del PIB mundial y el panorama parece asentado.

JMR-P