jueves, 5 de julio de 2018

El modelo de rentas vitalicias de la cuarta edad


José Miguel Rodríguez-Pardo.
Fernando Ariza Rodríguez.
Introducción
La extremada prudencia con la que las entidades de seguros suscriben riesgos vitalicios asociados a la biometría humana se justifica por la dificultad que supone realizar proyecciones actuariales a largo plazo. En efecto, la experiencia pasada en los mercados internacionales de rentas vitalicias ha demostrado que las estimaciones que contemplaban las tablas actuariales de supervivencia resultaron ser insuficientes y generaron por tanto pérdidas técnicas notables a lo largo del tiempo.
Por este motivo, los criterios canónicos de revisión periódica de las bases técnicas de las tablas de longevidad deben ser reformulados. Así, la prudencia aconseja recalcular el riesgo de tendencia cada 3 o 5 años y la tasa de mortalidad base cada 10 años en lugar de los actuales 20 años. De hecho así lo entiende también el artículo 5 de la Ley 23/2013, de 23 de diciembre que regula el Factor de Sostenibilidad del Sistema de Pensiones de la Seguridad Social, pues revisará el importe de la pensión en función de la esperanza de vida cada cinco años.
Este nuevo paradigma actuarial tiene su justificación en la propia naturaleza del contrato de rentas, pues se antoja complejo poder garantizar la robustez estadística de un contrato que en términos habituales se contrata tras la jubilación y que tiene un horizonte temporal vitalicio.
El presente artículo propone como solución técnica, apostar por un modelo de rentas de la cuarta edad que se articule en dos fases. Una, comprendido entre los 65 años y su esperanza de vida situada sobre los 85 años (tercera edad), pues en este periodo no se encuentra la incertidumbre que hace que el riesgo sea no asegurable, y un segundo periodo (cuarta edad) que comprende la edad superior de la tercera edad y el límite de la vida humana, los 115 -120 años de edad.

La cuarta edad como prima de riesgo del negocio de rentas vitalicias
Analizamos a continuación cuales son las incertidumbres de la cuarta edad que originan la calificación de “prima de riesgo de las rentas”, utilizando la expresión de Manuel Aguilera, director general del servicio de estudios de Mapfre.
Observando los datos del tramo de la tercera edad del informe Ageing Report de la Comisión Europea de este año 2018, la esperanza de vida a los 65 años de edad en Europa se cifra en 18,6 años para los hombres y en los 21,7 años para las mujeres, si bien las proyecciones a 2060 la sitúan en los 22,7 años en los hombres y los 25,8 años en las mujeres.
Por este motivo podemos situar el inicio de la cuarta edad en las próximas décadas en el rango entre los 85 y los 90 años de edad. De este modo la incertidumbre de la cuarta edad abarcaría el periodo desde esta edad de inicio (85-90 años) hasta los 115 años de edad, y en términos de esperanza de vida alrededor de los 6-7 años tomando datos del INE.
Para entender las fuentes de incertidumbre que origina la cuarta edad, identificamos tres elementos:
1.    El origen de la incertidumbre, que según A. Klein, de la International Actuarial Association, considera que los once elementos que determinan la mortalidad son el envejecimiento, las catástrofes, las enfermedades, el medio ambiente, el sistema sanitario de salud y cuidados médicos, la desigualdad, el estilo de vida, los avances médicos, la política, los avances tecnológicos y aquello que hoy no conocemos. Todos estos elementos nos presentan un panorama que hace difícil evaluar el futuro de la longevidad humana.
2.    La dificultad que supone realizar tendencias a largo plazo derivada del impacto de los avances médicos y tecnológicos. Guy Coughlan, Chief Risk Officer de Universities Superannuation Scheme (USS), proyecta la reducción de mortalidad según distintos grupos socioeconómicos y concluye que tomando 2010 como base 100 de mortalidad para un varón de 60 años de edad; en 2050 la reducción para la clase socioeconómica alta sería del 60% y si se consideran todas las posibles mejoras la reducción alcanzaría el 80%.
3.    El debate acerca del límite de la edad biológica del ser humano y las trayectorias de la longevidad en edades extremas y si se confirma el efecto conocido como plateau. El debate científico es de tal intensidad que recientemente en la prestigiosa Nature en el número de 28 de junio de 2017, que con el título Many possible maximum lifespan trajectories, dibuja distintos escenarios de máxima vida probable en proyecciones al año 2300 que varían desde 115 -120 años hasta un máximo 150 años.

Las proyecciones de factores de mejora para Europa
En el reciente trabajo de investigación académica en el que hemos participado y remitido a EIOPA “Proposal for the recalibration of mortality and longevity shocks under the Solvency II framework ( Technical Note)”, de diciembre de 2017,  podemos observar que, tomando las proyecciones a diez años del riesgo de tendencia para siete países europeos, el factor de mejora calibrado al 99,5% y calculado sobre la media de modelos, presenta suficiencia técnica para todos los países y edades analizadas, incluidas las correspondientes a la cuarta edad en las que el coeficiente de mejora presenta tasas de variación superiores a las de las tercera edad. El gráfico siguiente nos permite observar la robustez de la calibración al 99,5%



Si bien las proyecciones a 10 años muestran la suficiencia del modelo, no podemos mantener la afirmación si la proyección se hubiera realizado para el periodo de esperanza de vida a los 65 años, o durante 20 o más años. Por este motivo concluimos que es necesario reforzar las hipótesis actuariales.

El modelo de la cuarta edad
·         Pensiones públicas:
Los estudios de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad de Chile de Guillermo Larraín, Simón Ballesteros y Sebastián García, constituyen la principal aportación académica en la propuesta de los modelos de la cuarta edad (ver el documento Longevidad y Pensiones: una Propuesta de Seguro para la Cuarta Edad de marzo de 2017).
La aplicación de este modelo podría ser en un sistema de cuentas nocionales, definido por José Antonio Herce  como un “programa de puesta al día de la Seguridad Social para la sostenibilidad de un sistema de reparto”, que resultaría de aplicación a la tercera edad y para la cuarta edad un sistema de reparto tal y como lo conocemos hoy. Esta puede ser una vía de interés para la sostenibilidad de las pensiones públicas.
·         Rentas privadas:
Nos interesa en este artículo realizar una propuesta de valor que contribuya a mitigar el riesgo biométrico de la cuarta edad y contribuir a la mejora del apetito al riesgo hacia el negocio las rentas vitalicias, pilar esencial de la contribución del sector asegurador en la complementariedad de las pensiones públicas.
Proponemos diferentes soluciones:
1.    Reevaluar la cuantía de la renta vitalicia cuando el asegurado alcance la cuarta edad, con las bases técnicas aplicables en ese momento. Para ello, deberá garantizarse que la renta al no ser determinada o determinable en toda la duración del contrato sea considerada vitalicia desde la ortodoxia legal y fiscal. Como inconveniente a esta solución, el consumidor que suscribiera una renta desconoce su importe cuando alcance la cuarta edad, lo que le puede generar incertidumbre e inseguridad en su contrato. El riesgo de inequidad actuarial puede hacer no adecuada esta solución.
2.    Tarificar a partir de la cuarta edad con unas bases técnicas reforzadas como por ejemplo incrementar la esperanza de vida desde los 90 años o reforzando las tasas de supervivencia en diferentes escenarios. Esta propuesta es de fácil aplicación técnica, y así la tasa de longevidad aplicable a esta cuarta edad correspondería a las aplicadas a la de la tercera edad, de tal forma que la renta de la cuarta edad estaría de este modo garantizada.
Si la esperanza de vida de la cuarta edad fuera reforzada al 99,5% de confianza, se conseguiría un ahorro de capital para el riesgo de longevidad de entorno al 25% para el caso de un asegurado de 67 años y durante todos los años que dure la tercera edad, y del 100% para la cuarta edad pues la mejor estimación de supervivencia coincidiría con el estrés de Solvencia II.
3.    Combinar la solución anterior con la primera propuesta, de tal modo que la renta solo se reevaluaría si al evaluar las bases técnicas al inicio de la cuarta edad, la renta resultante fuera menor a la de las bases originales reforzadas.
4.    Constituir un fondo de mutualización extraordinario para abonar la insuficiencia de las diferencias de tablas de longevidad cuando se alcance la cuarta edad. Es decir, la prima única del contrato de renta vitalicia incorpora una prima extra de mutualización de riesgo de cuarta edad. Esta solución requiere contraste con las normas de solvencia y contable, al necesitar una provisión específica mutualizada.
5.    Proporcionar soluciones de reaseguro en el modelo exceso de esperanza de vida.

Conclusión

Las propuestas de modelo de la cuarta edad para el negocio de rentas vitalicias de la industria del seguro, pueden ser una solución confiable para que el asegurador complemente decididamente el sistema público de pensiones mediante la suscripción prudencial de riesgos biométricos que hasta la fecha eran incómodos en el balance pues generan mucha incertidumbre.
Además de lo anterior y habida cuenta de la reciente posición de EIOPA, que ratifica el shock de longevidad en un 20% único para todas las edades atendiendo al criterio de simplicidad, esta modalidad propuesta para la cuarta edad mitigaría el riesgo de longevidad y en consecuencia reduciría la carga de capital exigida por el regulador. Al margen de estas consideraciones técnicas, el asegurador también podría disponer de la liberación de SCR con los consiguientes beneficios en términos de RORAC a lo largo de la vida de la póliza.

Publicado en Actuarios Nº42, Julio 2018

sábado, 30 de junio de 2018

Desaceleración de las tasas de mortalidad en la cuarta edad

Longevidad sin límites: un polémico estudio cuestiona que exista un tope al envejecimiento humano


Miguel Jorge




https://es.gizmodo.com/longevidad-sin-limites-un-polemico-estudio-cuestiona-q-1827229380

A lo largo de nuestra vida vamos tomando conciencia de un hecho que hasta hace muy poco no tenía réplica: cuánto mayores nos hacemos, más cerca estamos del final. Sin embargo, una nueva y polémica investigación sugiere que en realidad no existe un límite para la vida humana.
Jeanne Louise Calment vivió 122 años y 164 días, la edad verificada más antigua de cualquier persona jamás vista. Calment murió en 1997 en Arles, Francia, donde pasó gran parte de su impresionante y extensa vida. Nadie (más) ha vivido más de 120 años.
Quizás por ello existe un consenso mayoritario entre los investigadores en aceptar el denominado como Modelo de Mortalidad de Gompertz, una propuesta que se ha mantenido en gran medida intacta desde que se documentó por primera vez hace casi 200 años.
La idea nació en 1825, cuando el matemático británico Benjamin Gompertz notó una extraña peculiaridad sobre el envejecimiento humano y la mortalidad. Nuestro riesgo de morir, observó, aumenta exponencialmente a medida que envejecemos. Bajo el modelo de Gompertz, las probabilidades de morir se duplican cada ocho años. Esa parece ser la regla para las personas de 30 a 80 años.
Pero como el propio Gompertz admitió, simplemente no hay datos suficientes para demostrar que esta tendencia sea válida para el mayor de los ancianos.
Las investigaciones publicadas en los últimos 10 años continúan afirmando el modelo de Gompertz, incluido un estudio del año pasado que mostraba que los supercentenarios, las personas que viven 110 años o más, todavía experimentan tasas aceleradas de mortalidad a lo largo del tiempo.
Frente a esta corriente también, en los últimos años algunos han comenzado a cuestionar el paradigma de Gompertzian, sugiriendo que las mesetas de mortalidad, en las que las tasas de mortalidad disminuyen e incluso se detienen, existen tanto para los humanos como para los animales más allá de cierta edad.
De hecho, ahora hay un debate activo entre los expertos en envejecimiento sobre si las tasas de mortalidad continúan acelerándose y/o aumentando exponencialmente a una edad extrema, o si finalmente se estancan.

Gráfico que muestra las probabilidades de muerte (peligro) por edad (años), con la meseta (que se muestra en naranja) después de los 105 años.Así llegamos a la publicación que ha lanzado hace unas horas en Science. Según el autor del estudio Kenneth Wachter, profesor emérito de demografía y estadística de la Universidad de California en Berkeley:
El objetivo era resolver una controversia sobre si la mortalidad humana tiene la misma forma que la mortalidad en muchas otras especies. Se ha encontrado que las tasas de mortalidad se estabilizan en animales de laboratorio, como las moscas mediterráneas de la fruta y los gusanos nematodos. Creemos que lo hemos solucionado.
El equipo de Wachter cuenta en su trabajo que las tasas de mortalidad se aceleran hasta los 80 años, se desaceleran, y luego se estabilizan entre las edades de 105 a 110. El modelo de Gompertz, en esta vista, termina en una línea plana.
Dicho de otra forma, el estudio habla de la aceleración de las tasas de mortalidad, no las probabilidades en sí mismas. Esas todavía no son buenas. Solo 2 de cada 100.000 mujeres viven hasta los 110 años, y para los hombres, las posibilidades de convertirse en supercentenarios son de 2 cada millón.
egún el estudio, a los 105 años de edad las probabilidades de sobrevivir a tu cumpleaños número 106 están en el 50%. Y lo mismo ocurre a los 107, y otra vez a los 108, 109 y 110.
Otra de las autoras del trabajo, Elisabetta Barbi, de la Universidad Sapienza de Roma, juntó a expertos en el Instituto Nacional de Estadística de Italia y rastreó a personas del país nacidos entre 1896 y 1910 que vivían hasta los 105 años o más. Los datos incluyeron a casi 4.000 personas, de las cuales 3.373 eran mujeres y 463 hombres.
Para el estadístico Holger Rootzen, de la Universidad Tecnológica de Chalmers en Suecia, el resultado es un “análisis muy cuidadoso y certero” que revela una meseta de mortalidad entre las edades de 105 y 110. 
Utilizando datos de longevidad similares de Japón y países occidentales recopilados por el Instituto Max Planck de Investigación Demográfica, Rootzen ya había rechazado la noción de un límite estricto para la vida humana en una investigación publicada el año pasado. El investigador predijo que sería posible en el próximo cuarto de siglo que alguien alcanzase la edad de 128 años.
En el año 2016, los investigadores del Colegio de Medicina Albert Einstein argumentaron en Nature, sobre la base de datos de longevidad de 40 países, para un límite máximo de alrededor de 115. En su opinión, la vida de Calment de la que hablábamos al comienzo fue un golpe de suerte. 
Sin embargo, para Brandon Milholland, quien también trabajó en el estudio de Nature, es “altamente improbable” que las curvas de mortalidad se nivelaran tan repentinamente. Milholland critica tanto el último trabajo como la ley de Gompertz argumentando que hay “más de esas dos opciones” y que la formulación de Gompertz debe terminar.
Dicho esto, el número de los muy ancianos está creciendo. En Italia, por ejemplo, cuatro personas nacidas en 1896 vivieron hasta 105 o más. Más de 600 personas nacidas en 1910 vivieron tanto tiempo, “y entre 1896 y 1910, la mortalidad infantil en Italia disminuyó”, explica en el trabajo Wachter.
No sólo eso, en décadas posteriores el rango entre 80 y 90 años también mejoró y acogió a más personas en los rangos centenarios. Según Rootzen:
Cuando entendamos las interacciones entre nuestro patrimonio genómico y todos estos otros factores prácticos bien estudiados como la nutrición y el comportamiento, vamos a entender por qué las personas pueden hacer que este progreso llegue a los 80 y 90 y ampliarlo. Las recomendaciones sobre el estilo de vida: haces ejercicio, comes esto o aquello, son bastante efectivas a edades más tempranas, pero no parecen jugar un papel a edades más avanzadas.
Algo de razón deben tener en esto último. Como decíamos hace poco, el que puede convertirse en el hombre más longevo del planeta lleva fumando toda la vía (aunque dice que ha llegado la hora de dejarlo). De hecho, la propia Calment dijo que fumó dos cigarros al día hasta que cumplió 119 años, y que solo entonces abandonó el hábito, aunque lo hizo porque ya no podía ver lo suficientemente bien como para encendérselo. [GizmodoScienceWashington Post]

viernes, 29 de junio de 2018

El sesgo ético en los algoritmos de inteligencia artificial aplicados al seguro


Publicado en https://www.fundacionmapfre.org/documentacion/publico/i18n/catalogo_imagenes/grupo.cmd?path=1097479


El problema
Los algoritmos de inteligencia artificial se enfrentan en su modelización a los conocidos como sesgos de información. En el campo del desarrollo científico académico de la inteligencia artificial están empeñados en resolver este problema que puede cuestionar la aplicabilidad de sus resultados.
El sesgo ético lo encontramos en la industria del seguro cuando en la modelización intervienen variables explicativas que están calificadas como discriminatorias, no solo aquellas expresamente consideradas por la legislación (género, raza, religión…) sino también aquellas que cumplan una función similar a las anteriores, o incluso lo que se conoce como discriminación inconsciente, es decir, el analista no tiene voluntad consciente de discriminar, pero el uso de esta variable si es discriminatorio.
Un estudio en los EEUU concluyó que, en la mayoría de los estados, "las primas de seguros de autos son impulsadas en gran medida por factores económicos que no están relacionados con la seguridad en la conducción", variables como el nivel educativo, ocupación, propiedad de vivienda, compra previa de seguro y estado civil. Una mayoría de estadounidenses cree que es injusto que las compañías de seguros utilicen características económicas -específicamente, nivel de educación, ocupación, no tener seguro por no tener automóvil, estado de propiedad de vivienda, estado civil y calificación crediticia- en el establecimiento primas de seguro de auto.

El problema real de los sesgos éticos es la ausencia de regulación explícita acerca de la transparencia y trazabilidad de los algoritmos de inteligencia artificial, pero es cierto que ya encontramos iniciativas, opiniones de expertos y de autoridades que comienzan a perfilar un marco de referencia que pueda servir de guía de actuación a las aseguradoras de buen hacer en la construcción de los modelos de pricing, fidelización, fraude….
La otra cara de la ética de los algoritmos es hacer que las personas que por su perfil de riesgo pasen a ser asegurables, aunque el modelo lo desaconseje. El seguro como industria necesita un acuerdo impulsado desde las autoridades regulatorias que garantice un umbral de riesgo/ precio mutualizado para que ningún solicitante de seguro quede fuera del alcance de la cobertura.
Estas dos reflexiones, nos permitirá corregir la calificada por Lemonade como supremacía estadística ya en manos de las máquinas y no de los departamentos técnicos de las entidades, cuyo origen se remonta a 1662 cuando John Graunt calculó las probabilidades de que los londinenses sobrevivieran a una edad determinada
El entorno actual conocido con el acrónico en inglés  VUCA ( Volátil, incierto, complejo y aleatorio), el uso de las potencialidades de la analítica de datos avanzada permitirá, según datos de Accenture, un incremento del 20% en ingresos por  primas y del 30% en la eficiencia.

A modo de ejemplo
La modelización del precio del seguro con los algoritmos avanzados, ya han suscitado debate y controversia en los mercados donde así han sido aplicados.
 Repasemos algunos casos publicados en la prensa internacional, que han llevado a Bill Wilson en febrero de 2018 al Big Data como la economía del vudú, alertando de la necesidad de que los modelos sean realmente predictivos, estables y rentables, elementos nucleares de la Ciencia Actuarial. 
Wilson se refiere a la respuesta a un diario británico de una aseguradora que encontró que esa aseguradora podría cobrar a los usuarios más en su seguro de automóvil por usa una cuenta de correo electrónico de Hotmail en lugar de uno de Gmail , la aseguradora sostiene que  ciertos nombres de dominio están asociados con más accidentes que otros y que utilizan  una variedad de información para producir precios competitivos para nuestros.
Otro caso denunciado por la prensa es el de una aseguradora del Reino Unido de cobrar a los conductores con nombres que no hablan inglés tanto como £ 900 extra por su seguro.
 El uso de algoritmos de Caja de Negra con el análisis de 600 variables puede llevar a este tipo implicaciones éticas.

El futuro marco regulatorio

Repasemos alguna de las iniciativas que tratan de actuar como Estrella Polar en la categorización de sesgos de los algoritmos.
 En primer lugar, la responsable de Eiopa del departamento de Protección al Consumidor, Katja Wuertz en una jornada celebrada en IESE en Madrid el pasado 15 de marzo de 2018, alertó acerca:
Riesgo de exclusión debido al acceso a la información y su relación con el big data.

Prima y la discriminación en precios por el uso de datos que el consumidor no controla si se busca personalizar se puede producir el hecho de que aquellos consumidores que más busquen en internet reciban ofertas mejores y aquellos que no buscan, se podría decir que miran menos por el precio, tengan propuestas de seguros con primas más elevadas.

Protección y la intimidad de los datos de los consumidores. La importancia del consentimiento en el uso de la información que se tiene de un asegurado.

En segundo lugar, Las Autoridades Europeas de Supevisión (ESA), publicó el pasado 15 de marzo de 2108 un informe que analiza los pros y los contras del Big Data, concluye que los consumidores se pueden beneficiar de productos y servicios personalizados, de una mejor analítica para detectar el fraude o una mayor eficiencia de los procedimientos internos de la organización. Si bien las herramientas de big data pueden cometer errores, ocasionando que los proveedores de servicios financieros tomen decisiones incorrectas en relación con el consumidor al llevar a cabo una segmentación de clientes que no se ajuste a la realidad.

En tercer lugar, el informe elaborado por European Group on Ethics que ha publicado en marzo de 2018 el documento Statement on Artificial Intelligence  , Robotics and Autonomus Systems, enumera los principios éticos y prerrequisitos democráticos que debe contemplarse en los modelos de Inteligencia Artificial:
Dignidad humana
Autonomía, libertad humana
Responsabilidad
Justicia, equidad y responsabilidad
Democracia
Estado de derecho y responsabilidad
Seguridad, integridad mental y corporal.
Protección de datos y privacidad
Sostenibilidad en las precondiciones de vida del planeta

Por último, hacemos referencia al nuevo concepto de “derecho a la explicación” establecido en el Reglamento Protección de Datos de la Unión Europea.

El futuro

Se estima que en 2030, la determinación del precio del seguro, se realizará de manera generalizada con modelos de Inteligencia Artificial, antes de que esto suceda, el sector asegurador necesita un marco formal regulatorio que elimine los sesgos éticos de los modelos, al margen de que los científicos logren técnicamente corregirlos.

José Miguel Rodríguez-Pardo 

jueves, 12 de abril de 2018

Ética en los Algoritmos de Inteligencia Artificial



Las autoridades europeas han publicado el documento arriba indicado en marzo de 2018, donde se pone de manifiesto el necesario contraste ético con la arquitectura de los algoritmos de Inteligencia Artificial ( IA) y enumera los siguientes principios:


Principios éticos y prerrequisitos democráticos
Dignidad humana
Autonomía, libertad humana
Responsabilidad
Justicia, equidad y responsabilidad
Democracia
Estado de derecho y responsabilidad
Seguridad, integridad mental y corporal.
Protección de datos y privacidad

Sostenibilidad en las precondiciones de vida del planeta


José Miguel Rodríguez-Pardo